El Triángulo de las Bermudas

Seducido por el dulce beso de la nostalgia y motivado por el vómito humorístico de mi inseparable amigo Chewbacca, recordé mi infancia y cómo me molestaba cuando decían: “Esta fresco pa´ chomba”. En esos momentos yo pensaba: “¡No solo la señora Pachomba tiene frío! Decímelo a mi que estoy con una remerita manga larga que no abriga un carajo y se me están cayendo los mocos sobre mi boca”. Situaciones de la infancia que reflejaban la inocencia con la que veía el mundo.

A los cuatro años creí haber visto a Papá Noel cuando mi primo me lo nombró una Navidad señalando una estrella fugaz. Dos años más tarde, me dijo: “Eso no era Papa Noel, era una estrella fugaz. Papa Noel no existe.” Y ahí fue que sentí que mi infancia era pisoteada como el sombrero celeste de Don Ramón, sepultada para nunca volver a ser rescatada. Es ahí cuando perdí la fantasía, la pureza de pensamiento, el atrevimiento.

Picasso decía: “Necesité toda una vida para pintar como un niño”. Seguramente se refería a la soltura y el desconocimiento de límites y en como se pierde todo eso al crecer y hundirnos en paradigmas, muchas veces innecesarios o infundados. Volvamos a las raíces, a pintar como niños, a meternos el dedo en la nariz frente a otra gente, a hacernos bigotes de dulce de leche, al terrome-terrome.

Con este post doy el puntapié inicial para esta nueva sección titulada “El triángulo de las Bermudas”, en donde se difundirá todo lo que perdemos sin siquiera darnos cuenta al sumergirnos en esta vida moderna, al sumergirnos en este mix de crítica, cultura y realidad, al sumergirnos en la calle.

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~ por Coyote en septiembre 8, 2010.

Una respuesta to “El Triángulo de las Bermudas”

  1. Mi infancia tuvo un antes y después marcado a fuego por un momento puntual. En algunos puede ser un fin de año, un cumple de quince, unas vacaciones, un pete, el roce con un pecho… en mi fue mi remerita.
    Si, mi remerita… mi casaca de Boca, aquella que tenía la incripcíon Fate0 en la franja amarilla… al principio la usaba para salir, luego para jugar, luego de entrecasa, luego para dormir… y un día… un día no me entró más. Ese día me sentí desnudo. Me faltaba mi remerita.
    Me tuve que volver hombre, tuve que crecer de golpe.

    Te extraño remerita.

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